09 septiembre 2015

Lecturas de Stravinsky



La heterofonía para él, así como ocurre en la música folclórica, es con frecuencia un unísono fallido. La marcha que abre Renard es una melodía de tipo circense tocada por una trompeta, dos trompas y un fagot, acompañados por el platillo y el bombo de desfilar. El que las trompas y la trompeta se salten continuamente notas de la melodía mientras que el fagot toca la melodía completa no es solo el resultado de “una refinada orquestación en la que la técnica del hoquetus se combina con heterofonía instrumental en los unísonos”, sino que hace también referencia a los músicos callejeros, quienes, al desfilar, dejan huecos en la melodía mientras vacían la saliva del instrumento, o porque se acaban de tropezar con una piedra, o porque tienen semejante resaca de la noche anterior."
Stravinsky: Renard, comienzo
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Tocar desafinado es un parámetro de la música folclórica. Los dos clarinetes en La Consagración que tocan séptimas mayores paralelas, no solo ejecutan “un tipo de intervalos paralelos que rompen las leyes del contrapunto”, sino que también tocan como dos campesinos que en realidad están tocando octavas de manera muy desafinada."

Stravinsky: La consagración de la primavera.
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Así como las séptimas pueden ser más que simples séptimas, elaboraciones pueden ser más que meras elaboraciones. En la parte intermedia del Galop de las Cinco piezas fáciles, uno se acuerda menos de los sutiles ornamentos de un cuidadoso clavecinista del siglo XVIII que del músico circense que, queriendo lucirse desesperadamente, añade un par de notas à l’improviste a la melodía.”

Stravinsky: Cinco piezas fáciles para piano a 4 manos
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La música de Stravinsky se presta a muchas interpretaciones pero nunca se me hubieran ocurrido estas que presentan Louis Andriessen y Elmer Schönberger en The Apollonian Clockwork. On Stravinsky, un libro que me ha encantado (y no soy el único), y que sin duda recomiendo.

Desde mi experiencia como músico de banda reconozco que los modelos que describen los autores me resultan muy familiares, y aunque en principio parece difícil hallar la conexión del compositor con la música popular (más allá del uso de algunas melodías populares en obras como Petrushka y la Consagración) quizá no sea tan descabellada la asociación que presentan Andriessen y Schönberger si nos atenemos a lo que cuenta el propio Stravinsky al comienzo de Memorias y Comentarios:


…he estado recordando las primeras piezas musicales que escuché, una enérgica banda de pífano y tambor de las casernas militares que no quedaban lejos de nuestro domicilio. Esta música, así como la de toda la banda que penetraba en mi habitación a diario, y especialmente el sonido de las tubas, los flautines y los tambores, era el suave placer de mi infancia temprana. Sé que el deseo de imitar esta música motivó mis primeras iniciativas en el terreno de la composición, porque tan pronto como pude sentarme al piano traté de identificar los intervalos que había oído, y a lo largo de ese proceso descubrí otros que me gustaron más, lo cual me convirtió en compositor.”

Stravinsky dirigiendo el Ebony concerto