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08 febrero 2023

Una lección sobre cadencias con J. S. Bach


Aunque todo el mundo esté de acuerdo en que las cadencias son de suma importancia para el análisis de la música tonal, queda pendiente una pregunta clave: ¿qué es exactamente una cadencia? Parafraseando a San Agustín, podríamos responder que si nadie nos lo pregunta, lo sabemos; pero si queremos explicárselo a quienes nos lo preguntan, no lo sabemos.[1]


Las cadencias son uno de los elementos más importantes de un lenguaje musical. A pesar de nuestra familiaridad con el término, “el concepto de cadencia es enormemente complejo, que con frecuencia trasmite diferentes connotaciones y abarca multitud de fenómenos musicales.”[2] Para observar esa curiosa contradicción examinaremos la Sarabande de la Suite francesa en Sol Mayor, BWV 816 de J. S. Bach.



Para comenzar necesitamos tener un marco de referencia, es decir, saber qué tipos de cadencias nos solemos encontrar en un lenguaje determinado. Habitualmente las cadencias del período de la práctica común se definen por su contenido armónico.[3] Aunque existen diferentes clasificaciones, en mi experiencia la que mejor describe la práctica musical de ese período es la siguiente:

 

 

Cadencias conclusivas

Son aquellas que dan sensación de final. Esta sensación de final está producida por el reposo armónico que supone el acorde de la tónica, es decir, las cadencias conclusivas son aquellas que acaban en el acorde de Tónica

 

 

Cadencia auténtica

Dominante -Tónica

 

Se pueden distinguir dos tipos según el grado de “conclusividad” [4]

 

 

Cadencia plagal

Subdominante-Tónica [5]

 

Cadencia Auténtica Perfecta (CAP)[6]

Es la que produce el efecto más conclusivo. Para lograrlo debe cumplir tres requisitos:

·     la melodía (o la voz más aguda de la textura) termina en 1ˆ

·     ambos acordes (dominante y tónica) están en estado fundamental

·    el acorde de tónica cae en parte fuerte del compás


 

Cadencia Auténtica Imperfecta (CAI)

Su efecto es ligeramente menos conclusivo.[7] Se produce cuando no se cumple alguna de las condiciones necesarias para que sea perfecta: alguno de los acordes involucrados no está en estado fundamental, la melodía no termina en 1ˆ, sino en 3ˆ (o, con menos frecuencia, en 5ˆ), o el I aparece en parte débil.

 



 

Cadencias suspensivas 

Son aquellas que no dan sensación de final, ya que no acaban en el acorde de tónica

 

 

Semicadencia

Llegada a V

Da sensación de reposo parcial, es decir, se percibe una llegada o culminación de frase, pero se percibe también que no es el final de la pieza, sino que esta va a continuar. Esta sensación se produce al finalizar una frase en V, en estado fundamental.[8]

 

Cadencia Rota

V—X 

En una cadencia rota se trunca la expectativa de una cadencia auténtica[9] sustituyendo el previsible acorde final de tónica por otro acorde (generalmente VI)


 

 

Veamos cómo trata las cadencias Bach en este movimiento. La pieza se estructura formalmente de manera muy regular: está formada por frases de 8 compases que se dividen en dos semifrases de 4. Vamos a ir examinándola frase por frase.



En el c. 4 encontramos la primera cadencia: una clara semicadencia (SC) sobre la dominante de Sol Mayor. Bach efectúa un reposo en la melodía, sin embrago mantiene la continuidad rítmica de las corcheas en las otras voces, contrarrestando el reposo armónico y melódico, y dando continuidad a la música.

En el c. 8 Bach cierra la frase con una cadencia auténtica, en este caso imperfecta (CAI) ya que la caída de la melodía en el compás 8 se produce sobre el 3ˆ y solo más tarde llega hasta 1ˆ. Ese movimiento 3ˆ - 2ˆ - 1ˆ hace que esta cadencia no tenga un reposo melódico tan claro como en el c. 4.  Este es un punto importante, porque nos indica que una cadencia no siempre requiere de un reposo melódico pronunciado. Esto ya fue descrito a finales del siglo XVIII por el teórico H. C. Koch, quien denominó Nachschlag a estas ornamentaciones de la nota final de una cadencia (Cäsurnote o cesura).


“Este tipo de decoración consiste en añadir, después de la nota de cesura, otra nota basada en la misma armonía. El salto entre estas dos notas puede realizarse como una arpegiación más decorativa de la armonía subyacente o rellenarse con notas de paso”.[10]

Un factor más que hace que la cadencia no suene demasiado definitiva es que Bach silencia el bajo en la primera parte del c. 8 haciendo que por un momento la textura pase de tres a dos voces reduciendo así también el peso de la caída en el c. 8.



La cadencia en el compás 12 es un tanto ambigua. Antes de seguir leyendo ¿tú qué escuchas? Puedes dejar tu opinión en los comentarios.

Personalmente tengo la sensación de que Bach sugiere una semicadencia en la tonalidad de la dominante (Re Mayor: V), pero con matices que hacen que su efecto sea muy débil. En primer lugar la dominante del c. 12 tiene séptima[11] lo que hace que pierda carácter de reposo. Bach enfatiza aquí la continuidad de la música con un movimiento melódico análogo al que usó en la cadencia del c. 8 (desde la tercera hasta la fundamental del acorde) y también  con la continuidad rítmica, ya que se articulan todas las corcheas del compás en la voz intermedia que actúa como soldadura con la siguiente sección.

Por último Bach acentúa la sensación de continuidad con un efecto bastante inesperado para mí: cambia la armonía del tercer pulso a tónica. A pesar de que se escucha una sucesión V - I, en mi opinión Bach intenta evitar a toda costa que ese I suene a resolución de la dominante. Por una parte no resuelve la sensible de la melodía y por la otra el bajo entra a contratiempo en la tercera parte del compás y al estar ligado da más la impresión de anticipación del siguiente pulso que caída de la anterior dominante. En resumen, tal y como yo lo escucho, Bach hace una semicadencia pero la manipula melódica, rítmica y armónicamente para debilitar su efecto de reposo en favor del efecto opuesto, es decir, la continuidad de la música. La versión de Koopman que puedes escuchar en los ejemplos parece respaldar esa continuidad de la frase.

Si hay tanta continuidad nos podríamos preguntar ¿hay realmente una cadencia?, ¿cómo es posible que no tengamos claro ni siquiera ni esto? El caso es que ya Koch se dio cuenta de la sutil complejidad de los procesos cadenciales:

En términos generales, sólo el sentimiento [Gefühl] puede determinar tanto los lugares donde encontramos puntos de descanso en la melodía y también la naturaleza de estos puntos de descanso, si son más o menos perceptibles, es decir, si indican si las secciones que así concluyen pueden considerarse completas o no. Aunque en el transcurso de este capítulo las longitudes y las fórmulas de conclusión [Endigungsformeln] de estas secciones son tratadas ninguna de ellas ofrece un rasgo general y característico que pueda definir no sólo el lugar donde un punto de reposo está presente en la melodía, sino también la completitud o incompletitud de las secciones que surgen de este modo. (Koch 1983: 3- 4 [1787: 349- 50])[12]

En una extensa nota al pie Koch especifica por qué puede ser a veces tan complicado decidir un punto de reposo:

Por lo general, el número de compases no puede determinar en qué lugares de la melodía deben estar los puntos de reposo que dividen el conjunto en secciones a fin de permitir que se sientan claramente [deutlich]; y las fórmulas de cierre de estas secciones son tan variadas y pueden formarse de tan diversas maneras, que sería cuestionable decidir, por medio de esas figuras, dónde están presentes los puntos de reposo en la melodía; por no mencionar que tales figuras en la melodía también pueden utilizarse donde no hay ningún punto de reposo. En resumen, nada concreto puede determinar los lugares donde se encuentran [los puntos de reposo] en la melodía. (Koch 1983: 4n.7 [1787: 350n.])[13][14]

 

Esto es debido a que una cadencia no está definida tan solo por la armonía (aunque este sea un factor muy determinante y el que normalmente define las categorías) sino que está condicionada por muchos otros factores: melódicos, texturales, rítmicos, métricos y formales.

Así, volviendo a nuestro ejemplo de Bach, en mi opinión el paralelismo con la anterior frase de cuatro compases nos lleva a escuchar el agrupamiento de los cc. 9-12 como una unidad que se dirige a una semicadencia en la caída del c. 12, a pesar de que Bach intente por todos los medios enlazarla con la siguiente semifrase que empieza en el c. 13.


 
Paralelismo de las semifrases 5-8 y 9-12.
La caída del c. 13 se percibe (al menos yo) como llegada a V. 
El incidental I se produce por la conducción melódica hacia el mi del c. 13.


En el c. 16, Bach finaliza la sección con la esperada cadencia auténtica en la tonalidad de la dominante (Re Mayor: V7 – I). Ahora sí cierra completamente con una cadencia auténtica perfecta (CAP) que cumple los tres requisitos (la melodía termina en 1ˆ, ambos acordes [dominante y tónica] están en estado fundamental y el acorde de tónica cae en parte fuerte del compás) y se produce un claro reposo melódico.



Encontramos la siguiente cadencia en el c. 20. Como era de esperar la segunda sección del movimiento explora otras tonalidades vecinas. En este caso Bach se dirige primeramente a la tonalidad de la menor (II grado de Sol M), tonalidad que es confirmada con una cadencia auténtica imperfecta (3ˆ en la melodía). Como ocurría con las cadencias de cada primera semifrase, Bach busca la continuidad de la música, en este caso excluyendo el bajo en la caída del compás y efectuando una soldadura en el bajo que da continuidad rítmica.

En el c. 24 se cierra la frase en una nueva tonalidad, mi menor (VI de Sol Mayor, es decir, la tonalidad menor relativa), ahora confirmada con una cadencia auténtica perfecta (CAP) similar a la del compás 16.



Tras la breve excursión a mi menor, Bach se dirige ahora a la tonalidad de la subdominante, Do Mayor, que es confirmada en el c. 29 con una cadencia auténtica imperfecta (CAI). En este caso la cadencia cumple las condiciones armónicas (V - I en estado fundamental) y melódicas (1ˆ en la melodía) necesarias para una CAP, sin embargo no cumple las rítmicas: la tónica llega en la tercera parte del compás, es decir, en tiempo débil. Como en cada una de las primeras semifrases de cada frase de 8 compases, Bach busca aquí la continuidad de la música más allá de la cadencia y en este caso, además de desplazar la caída a la tercera parte del compás, liga el bajo de manera que las dos semifrases quedan literalmente unidas.

Hasta ahora todas las frases de 8 compases concluían con una cadencia auténtica, sin embargo en este caso se cierra con un semicadencia sobre la dominante, adornada con un 46 cadencial. Es sin embargo un punto importante estructuralmente, porque marca el regreso a la tonalidad principal de Sol Mayor. Como en las anteriores semicadencias el reposo es armónico pero no rítmico ya que el movimiento de las voces articula todas las corcheas de compás llevándonos directamente hacia los ocho últimos compases.



La cadencia del c. 36 es muy similar a la del c. 12 (llegada a V con 7ˆ - 6ˆ - 5ˆ en la melodía) aunque a diferencia de aquella, aquí Bach evita la ambigüedad y hace una semicadencia evidente (no cambia la armonía en el tercer pulso), que reafirma una vez más la tonalidad principal (quizá esto en retrospectiva confirma la idea de una semicadencia, al menos sugerida, en el c. 12).

Finalmente, y como cabía esperar, Bach termina el movimiento con una CAP en la tonalidad principal.

Mirando el movimiento en su conjunto podemos ver que empleando esencialmente dos tipos de cadencias, la auténtica y la semicadencia, planificó una estructura perfectamente articulada. Mediante la manipulación de esas cadencias Bach consigue diferentes grados de puntuación, en ocasiones buscando el reposo y cierre y en otras buscando la continuidad de la música.

 


Vemos además que un mismo tipo de cadencia puede tener diferentes grados de conclusividad. La CAI del c. 8, que cierra la primera frase, es más conclusiva que la CAI del compás 20, situada al final de una semifrase. De igual forma, el efecto de las SC en el c. 12 es diferente al de las otras SC. Se evidencia así que el efecto que producen las cadencias está condicionado por dos aspectos complementarios: la sintaxis, definida por la armonía y representada por el puñado de categorías que aparecen en el cuadro al principio de esta entrada; y la retórica, dependiente como hemos visto de muchos otros parámetros, que en manos de un compositor habilidoso permiten matizar de modo muy sutil la fuerza de un proceso cadencial.

Finalmente vemos también como Bach reserva las CAP para puntos muy concretos: final de la primera sección (en la tonalidad de la dominante), modulación al relativo menor, y la cadencia final, que ocupa el primer nivel en la jerarquía al ser la única de las CAP del movimiento que está en la tonalidad principal.

En resumen, la cuidada disposición de las cadencias junto a la habilidosa elaboración de las mismas a manos de Bach resulta en una estructura perfectamente lógica y organizada.

 

 

Bibliografía

-      Caplin, W. (2004), The Classical Cadence: Conceptions and Misconceptions, en Journal of the American Musicological Society, vol. 57, nº 1, pp. 51-118, en Eighteenth Century Music, 8, p. 307-326

-       Gjerdingen, R. O. (2007) Music in the Galant Style

-       Holtmeier, L. (2011). Reseña de Gjerdingen, R. O. (2007) Music in the Galant Style

-       Mirka, D. (2009) Metric Manipulations in Haydn and Mozart: Chamber Music for Strings, 1787-1791

-       Mirka, D. (2021) Hypermetric Manipulations in Haydn and Mozart: Chamber Music for Strings, 1787 - 1791

-       Neuwirth & Bergé, eds. (2015) What Is a Cadence?: Theoretical and Analytical Perspectives on Cadences in the Classical Repertoire

-       Schmalfeldt, J. (1992) Cadential processes: The evaded cadence and the “one more time” technique, en  Journal of Musicological Research, 12:1-2, 1-52



[1]  Neuwbirth & Bergé, Introduction: What is a cadence?  en Neuwbirth & Bergé (eds.)  (2015) 

[2]  Caplin (2004), p. 51 

[3]  Las cadencias también se pueden ver desde un punto de vista contrapuntístico como explican en este vídeo de Early Music Sources (aunque se refiere a un repertorio anterior, esa visión todavía existía en el barroco).

[4]  Esta división entre Cadencia Auténtica Perfecta (CAP) y Cadencia Auténtica Imperfecta (CAI) está justificada para poner de manifiesto un uso específico de las mismas en la práctica musical. Por ejemplo, tal y como comenta Holtmeier, durante el trascurso del siglo XVIII “cada vez más, la cadencia denominada por Gjerdingen como "completa", la cadencia "formal" (förmliche) de Koch con el final de octava "perfecto", se reservaba para las divisiones formales a gran escala. Entre estas cadencias formales, el final cadencial en tercera o décima en las voces exteriores se convirtió en la "cadencia media" estándar”. (Holtmeier, 2011, p. 322)

Para la mayoría de los autores el resto de las cadencias (semicadencia, plagal y rota) no están sujetas a una subdivisión basada en criterios melódicos como el indicado en el cuadro, ya que en la práctica no se encuentran funciones específicas para cada contexto melódico, como sí ocurre con la CAP y CAI.

[5]  William Caplin, autor del influyente tratado Classical form, toma una postura bastante controvertida en la que reniega de la existencia de la cadencia plagal en el estilo clásico. Ese es un jardín en el que hoy no me voy a meter. Solo diré que no recuerdo haber leído a ningún otro autor que sostenga esa idea.

[6] Sobre este término Gjerdingen indica que “Johann Gottfried Walther (1684-1748), organista de Weimar, maestro del joven príncipe Johann Ernst y amigo de J. S. Bach, describió en 1708 como una clausula formalis perfectissima lo que hoy se describe comúnmente como una "cadencia auténtica perfecta". Perfectissima invita a la traducción como "más perfecta", pero el significado pensado se acercaba más a "más completa", refiriéndose al grado de cierre.” (Gjerdingen, 2007, p. 139)

[7] Para mi sorpresa, alguna vez he visto alguna vez la CAI clasificada como suspensiva (p. ej. en el Tratado de armonía de Zamacois). Yo la percibo claramente como conclusiva y en efecto podemos encontrar obras que concluyen con una CAI desde Corelli (tres de los cuatro movimientos de la Sonata op. 4, n. 4, incluyendo el último movimiento) hasta Haydn (La Creación) pasando por Telemann (Cantata Gott der Hoffnung erfülle euch, TWV 1:634, anteriormente atribuida a Johann Sebastian Bach como BWV 218). Ciertamente su carácter es ligeramente menos conclusivo y por tanto es elegida con mucha menos frecuencia para finalizar una pieza que la CAP, pero eso no quiere decir que en sí misma no sea conclusiva, como los ejemplos mencionados (y muchos otros) atestiguan.

[8] En una revisión de más de 20 tratados, la mayoría de los autores consultados (2/3 aproximadamente) identifican la semicadencia exclusivamente como un reposo sobre el V grado. Sin embargo algunos autores emplean el término de manera más genérica para cualquier reposo (“La semicadencia determina un reposo, o a veces simplemente una separación entre los miembros de una frase o de un período” Reber, p. 41). Esto les da pie a incluir en la categoría de semicadencia otros grados (principalmente IV) como posibles armonías de llegada.

Rimski-Kórsakov habla en su tratado de armonía (p. 21) de semicadencias como llegadas al V y también al IV grado, pero más allá de un ejemplo abstracto, tipo ejercicio de armonía, no da ni un solo ejemplo de obras en las que se emplee esta supuesta llegada y reposo sobre un IV grado.

Zamacois señala que “la semicadencia es un reposo momentáneo sobre un acorde que no es el de tónica. El tipo básico lo constituye el descanso sobre la dominante. Le sigue en importancia el descanso sobre el IV.º grado; luego sobre el II.º, VI.º y III.º” pero de nuevo, aparte de ejemplos abstractos, no muestra ni un solo ejemplo tomado de la literatura.

Hugo Riemann en Armonía y modulación (p. 118 de la edición española; aquí en el original en alemán) acepta el IV por su visión dualista de la armonía en la que la subdominante no es otra cosa que la dominante inferior (“las semicadencias, esto es, reposo sobre una de las dominantes”). Una vez más sin ejemplos de la literatura.

En su Traité de composition musical, p. 17-18, Emile Durand señala, al fin, tres ejemplos de semicadencias sobre el IV. Queda a discreción del lector considerar si realmente percibe cadencias en los puntos señalados.

(Curiosamente el mismo autor en su Traité complet d'harmonie théorique et pratique [p. 87] tan solo describe la posibilidad de semicadencia como llegada a la dominante).

Stewart Macpherson, en Form in music (p.11) incluye la siguiente aclaración. “El término Cadencia Imperfecta (o semicadencia) ha sido usualmente restringido en su empleo a aquellos casos en los que una frase termina con el acorde del Dominante, precedido por cualquier otro acorde de la tonalidad; Pero hay tantas otras formas de cadencia que producen el efecto de "detención temporal", al igual que la variedad generalmente reconocida que acabamos de mencionar, que parecería aconsejable extender el significado del término Cadencia Imperfecta casi indefinidamente a aquellas progresiones de acordes que usadas cadencialmente— no implican ni descanso ni "interrupción", sino simplemente una ruptura en la continuidad de la música que deja la impresión de un sentido incompleto.” Para mí la clave es eso que dice de que provocan simplemente una ruptura en la continuidad de la música. Personalmente una ruptura de la continuidad no necesariamente me produce un efecto de cadencia propiamente dicho, y eso es precisamente lo que me ocurre en los ejemplos de Durand. Macpherson incluye dos ejemplos de repertorio que también me resultan insatisfactorios.

En el primer ejemplo, de Dvořák ¿de verdad alguien escucha una cadencia ahí? El segundo ejemplo, de Debussy, es un caso diferente ya que no estamos en un contexto de armonía funcional, sino modal, es decir, ya no estamos en un contexto de práctica común y por tanto se hace complicado aplicar la misma clasificación, puesto que la sintaxis armónica del estilo es completamente diferente. Esta posición hace ciertamente que las categorías propuestas no cubran todos los casos posibles de cadencias. Aunque esto pueda parecer un inconveniente tiene sus ventajas. Tal y como cuenta Schmalfeldt (1992) “como nada más, ni nada menos, que abstracciones perceptivas, las categorías pueden, sin embargo, proporcionar una base para examinar la riqueza ilimitada de procesos cadenciales contextualmente únicos explorados por los compositores tonales, y pueden ayudar a calibrar la interacción de lo convencional con lo excepcional.” (Un ejemplo de esas cadencias excepcionales en un contexto de la práctica común que no se podría encuadrar en ninguna de las categorías propuestas es la cadencia final del Concierto para piano de Grieg que comentamos hace algún tiempo aquí).

Personalmente no recuerdo haberme topado con ejemplos convincentes de cadencias sobre grados distintos a V (que no sea en el contexto de una cadencia rota, por supuesto), por lo que no contemplo la posibilidad del IV u otros grados como punto de llegada de una semicadencia. En mi opinión es clave el hecho señalado por Caplin (2004, p. 56) de que en el repertorio de la práctica común una cadencia produce un cierre sintáctico y, al menos tal y como yo lo percibo, ese cierre se produce en la llegada a V pero no en la llegada a otros grados.

Por último, incluso si aceptásemos los ejemplos de Durand como cadencias cabría preguntarse, en primer lugar, si el efecto del reposo sobre V es similar al efecto del reposo sobre otros grados, y en segundo lugar, si señalar la individualidad de estos casos (que además de ambiguos, son minoritarios en el repertorio de la práctica común) no sería más enriquecedor para el análisis que ponerlos en la misma categoría y al mismo nivel que las cadencias sobre V, como implícitamente hacen aquellas taxonomías que los incluyen en la semicadencia.

[9]  La expectativa de cadencia auténtica se produce por la aparición de los elementos que habitualmente que conducen a la misma: la aceleración del ritmo armónico y una dominante prominente (especialmente con séptima) que tendrá un carácter especialmente cadencial si está precedida de I46 y/o de una de las subdominantes pre-dominantes habituales como II6, II56 , la sexta napolitana, o con menor frecuencia una sexta aumentada.

[10] Mirka (2009), p. 76

[11] Para algunos autores como Caplin en una semicadencia la V nunca puede tener séptima. P. Burnstein escribió un artículo contradiciendo a Caplin, en el que señala que sí es posible, e incluye numerosos ejemplos (Burstein, The Half Cadence and Related Analytic Fictions, en Neuwbirth & Bergé (eds.)  (2015)

[12] Citado en Mirka (2021), p. 70

[13] Íbid. p. 70-71

[14] Podemos emplear ejemplos del propio Koch (Versuch einer Anleitung zur Composition, vol 2, p. 411 & 353) para ejemplificar la ambigüedad de la relación entre el reposo melódico y las cadencias. Así, en los ejemplos que propone encontramos pasajes en los que hay un reposo melódico que se corresponde efectivamente con una cadencia (concretamente una semicadencia en el primer ejemplo); pasajes en los que no existe ningún reposo melódico (debido a una soldadura), pero sí que existe una cadencia; y por último pasajes como el del tercer fragmento, en los que existe un reposo melódico pero que sin embargo no está asociado a ninguna cadencia.

27 septiembre 2022

Algoritmos canónicos (I)

 

Si seguimos las reglas dadas hasta ahora nuestras composiciones estarán libres de elementos censurables, purgadas de cualquier error y elegantes, y nuestras armonías serán buenas y placenteras. Aún así faltará en ellas cierta belleza, refinamiento y elegancia a menos que contengan un procedimiento particular. Este, conocido por todos y muy usado por los músicos, es aquel en el que las partes cantan una tras otra en la llamada fuga o consequenza, también llamada reditta. Todo significa una misma cosa: la cierta repetición de algunas notas o una melodía entera contenida en una parte por otra parte, tras cierto intervalo temporal. (…) Esta manera de cantar no solo es deliciosa sino que contiene elegancia y arte, más aún cuando los movimientos están bien ordenados y el contrapunto bien reglado.[1]

G. Zarlino, El arte del contrapunto en Le istitutioni harmoniche (1558)


Este vídeo de Early Music Sources sobre imitaciones en Monteverdi me dejó fascinado.


 

Para estudiarlo un poco mejor decidí transcribir todos los ejemplos (si te interesa puedes descargar el documento aquí).

 

Al poco de estudiar estos ejemplos descubrí que los mismos trucos que usaba Monteverdi para hacer imitaciones en una sucesión de cuarta descendente y tercera ascendente se podían emplear en la sucesión opuesta, cuarta ascendente y tercera descendente, como realiza Francesco Durante en este pasaje de su Messa di morti.



Durante escribe así una primera imitación a la quinta inferior, acompañada de su versión paralela una tercera por encima (y una tercera por debajo de la entrada inicial). Al invertir los intervalos también se invierte el intervalo de la imitación principal que pasa de quinta ascendente a quinta descendente. Finalmente Durante añade la versión paralela de A como una nueva entrada imitativa, exactamente igual a lo que había hecho Monteverdi más de un siglo antes.


A partir de ahí me entraron ganas de explorar el campo de los procedimientos imitativos, y como veremos a continuación, el tema da para mucho.

En 1622 Ludovico Zacconi realizaba una importante distinción a la hora de elaborar un canon.

La composición de fugas [cánones] puede hacerse de dos maneras, una con un intervalo largo, y la otra con uno corto, es decir, con un intervalo de varias pausas [silencios], y con un intervalo de pocas. Cuando una fuga se entrelaza con muchas pausas, y la parte que debe seguir tiene que esperar un poco para comenzar, la guía y el compositor tiene mucho más margen para hacer uso de lo que desee, que el otro, que con una o dos pausas a lo sumo desea que el compañero siga con lo mismo.[2]

Zacconi continúa explicando que el primer caso, cuando la imitación entra después de varias pausas se emplea sobre todo en los cánones escritos, mientras que cuando la imitación empieza uno o dos pulsos después de la voz inicial se pueden hacer alla mente, es decir, improvisados.

Para el primer tipo se pueden usar dos técnicas bien sencillas.

  1. Escribir un fragmento, copiarlo más adelante en la segunda voz, y escribir un contrapunto a esa segunda entrada a continuación de la primera. Y así sucesivamente.



  2. Escribir una progresión armónica con el número de voces que queramos y a continuación situar las diferentes voces una a continuación de la otra. En este caso habrá que tener en cuenta que el final de cada voz de la armonización haga una buena línea melódica con el principio de la siguiente voz y que las voces que hagan las dos primeras entradas produzcan un contrapunto correcto a dos voces.[3] Este sistema funciona para cánones al unísono pero no para cánones a otros intervalos.


Para imitaciones más cercanas estos sistemas se hacían muy poco prácticos ya que o bien las secciones de corta-pega serían muy breves y se haría muy tedioso para escribir (o improvisar) de la primera forma, o bien quedaría un canon muy repetitivo de la segunda forma. Sin embargo, para imitaciones con la entrada de la segunda voz más cercana (y generalmente más breves) los compositores podían echar mano de otras herramientas.

 
La primera herramienta eran las secuencias. Las progresiones secuenciales, en las que un patrón funciona como modelo que se repite a diferentes alturas se prestan de manera bastante natural a la imitación ya que con frecuencia dos voces realizan sucesivamente los mismos movimientos. Lo vemos más claramente en los siguientes ejemplos.

En las siguientes elaboraciones de una típica secuencia por quintas descendentes, ya sea con tríadas (primer caso) o con acordes de séptima (segundo caso), la voz de contralto imita a la de soprano a la quinta inferior, ya que va realizando sucesivamente los mismos movimientos: segunda ascendente y tercera descendente en la elaboración con tríadas, y nota repetida y descenso por grado conjunto en la elaboración con acordes de séptima.


En una realización esquemática como estas que acabamos de escuchar es fácil pasar por alto la imitación, pero podemos enfatizarla y hacerla mucho más perceptible de varias formas. Por un lado haciendo comenzar la voz que sirve como modelo sola (o acompañada simplemente del bajo) y añadir la otra voz solo cuando comience la imitación. Y por otro lado añadiendo una figuración característica que nos permita percibir fácilmente su repetición en la otra voz. Los ejemplos de esto son innumerables.



En esta categoría se encuadran también los moti del basso, pues no son otra cosa que  movimientos secuenciales. En realidad la famosa secuencia por quintas descendentes se corresponde con el movimiento 4 5. Además de este, uno de los más usados en imitaciones es justamente el movimiento opuesto, 5 4 (o Monte Romanesca) que como vimos aquí y aquí daba lugar a imitaciones a la quinta ascendente (o a la cuarta descendente, ya que las voces imitativas son invertibles a la octava).

Esta manera de realizar imitaciones es simple pero en manos de algunos compositores puede dar lugar a elaboraciones bastante sofisticadas.

Por ejemplo Haydn, en su Missa Cellensis, escribe un Monte Romanesca de tal manera que se escucha un canon doble a la quinta superior. (En el ejemplo se muestran solo las partes vocales. Las notas estructurales del movimiento 4 están marcadas en naranja).



Mozart dobla la apuesta y elabora la secuencia por quintas descendentes, o sea el movimiento de 5 del bajo (señalado con asteriscos), en forma de canon triple en el Rex tremandae del Requiem.[4]



Había otros esquemas, no particularmente asociados a movimientos del bajo, que también se prestaban para la realización de breves imitaciones, por ejemplo el que Gjerdingen denomina Corelli "leapfrog", y que se traduce literalmente como pídola de Corelli.

El apellido “de Corelli” se refiere a que este autor empleó este recurso con frecuencia. Pero quizá, querido lector, te estés preguntando qué es eso de "pídola". Pues bien, es esto:

 

* Ningún músico se lesionó en la realización de este gif

En la pídola de Corelli se produce una imitación a la segunda ascendente. El término describe a la perfección lo que van haciendo las voces en este esquema: las voces participan de la imitación van saltando una sobre otra de manera sucesiva, cruzándose constantemente.[5]




Quizá esta última pieza te recuerde a esta otra, ya que evidentemente Corelli no fue el único en emplear este giro.

Como puedes ver estos recursos dan lugar a pasajes imitativos relativamente breves en piezas no estrictamente canónicas, aunque también se pueden emplear en ellas. El comienzo de este precioso canon de Haydn ("No robarás" de Los diez mandamientos en forma de canon) está basado en la pídola. Al entrar la primera voz sin acompañamiento se aprecia el salto desde la sensible, característico de este esquema y que queda difuminado con la entrada del resto de voces.


 

El esquema de la pídola también es secuencial, pero otros esquemas no necesariamente secuenciales también pueden elaborarse de manera imitativa, como el denominado Do-Re-Mi.  El nombre se refiere a que se basa en una melodía que realiza el giro 1ˆ - 2ˆ - 3ˆ, normalmente acompañada de un bajo que realiza el giro 1ˆ - 7ˆ - 1ˆ. La clave es que este esquema es invertible a la octava. De tal manera si primero suena el esquema tal cual y justo después suena invertido a la octava se produce una imitación a ese intervalo.



Con frecuencia, para enfatizar la independencia de las voces se realiza un retardo del bajo, produciendo una expresiva segunda que resuelve a tercera, y que en la versión invertida se transforma en un retardo 7-6.



Ahora solo queda añadir un poco de figuración et voilà, ya tenemos una bonita imitación a la octava que funciona estupendamente en comienzos de frases o secciones.



De nuevo, para hacer más explícita la imitación los compositores pueden optar por comenzar con una voz sola, de manera que la entrada de la imitación destaque más.



Para acabar por hoy, en este vídeo del canal En blanc et noir podemos ver como este esquema se empleaba con frecuencia en el partimento:


 


[Leer segunda parte]



[1] No todo el mundo opinaba lo mismo. Algunos autores renegaban abiertamente del contrapunto erudito:

Heinichen describió a los entusiastas del contrapunto como fanáticos engañosos que envolvían la práctica canónica en un manto de complejidad, haciendo afirmaciones falsas sobre sus poderes casi mágicos. Heinichen se burló del "excesivo culto al contrapunto" (der excessive Cultus der Contrapuncte) y comparó la elaboración de cánones con una especie de brujería (Yearsley, D. Bach and the meanings of counterpoint, p. 56).


[2]  Zacconi, L., Prattica di musica, Seconda parte, p. 134 

[3]  Por ejemplo podría ocurrir que se produjese una cuarta entre las dos voces, por ejemplo sol-do, que sería correcta sobre una tercera voz que hiciese sonar un mi, produciendo una tríada mayor. Sin embargo esa cuarta sería incorrecta a dos voces (a no ser que fuese una nota ornamental como una nota de paso o un retardo).

[4]  El fragmento fue escrito por Mozart casi en su totalidad. Eybler añadió a lo que había escrito Mozart, en el canon instrumental (en rojo en el ejemplo) la línea que dobla al bajo (y a su imitación) en terceras. La versión que se toca hoy en día, de Süssmayr mantuvo este añadido de Eybler.

[5]  Estas voces están escritas en contrapunto invertible a la octava. Cuando se invierten, la imitación pasa a ser a la séptima inferior por lo que las voces no se llegan a cruzar. Encontramos un fantástico ejemplo de esto en el Recordare del Requiem de Mozart. Al comienzo escuchamos a los corni di bassetto realizando la imitación y cruzándose entre ellos pero a partir del compás 14, primero contralto y bajo y luego soprano y tenor, invierten las voces y realizan la imitación a la séptima inferior sin los cruces de voces.  


26 diciembre 2021

Quintas y octavas con Brahms & cia

En las clases de armonía siempre andamos muy preocupados por evitar las famosas 5as y 8as paralelas, que en general son ajenas al estilo de la “práctica común”.

 


Pero aunque suelen evitarse, algunas veces aparecen en las obras, y eso hace que nos preguntemos ¿Descuidos o hechas a propósito?, ¿justificables tal vez?


Igual que [a algunos frikis como el que suscribe️] nos intriga hoy en día esa cuestión le intrigaba en su momento a Johannes Brahms, quien durante más de 30 años recopiló y anotó ejemplos tomados del repertorio para estudio personal bajo el título “Octaven u[nd] Quinten u[nd] A[nderes]”. [Octavas y quintas y otros]




En los más de 120 ejemplos aparecen fragmentos de autores muy diversos, desde Praetorius hasta Bizet, pasando por Bach, Mozart, Beethoven y Schubert.

Beethoven: Sonata op. 106, I, c. 243

Puede resultar sorprendente pero para Brahms las 5as y 8as consecutivas no eran erróneas por definición. Al contrario, Brahms anotó una sucinta categorización del efecto de las 5as y 8as que incluía no solo la aceptación sino el elogio:


"1.Correcta, bien

2.Bella, expresiva, idiomática

Puramente idiomática, como en malas sucesiones que resultan de la consideración por la conveniencia para el intérprete (Beeth. Sonatas Op. 2 y 53)...

...En conexión con estas uno debería quizá considerar si el mismo efecto se puede lograr sin ellas (Schubert)

3.Ambas (de las anteriores) al mismo tiempo.

4.[Flüchtigkeit] Descuido

5.Mal, error

6.Cuestionable, necesita más consideración"

Lamentablemente no aplica esa clave numérica a los ejemplos. Ocasionalmente usa algunos símbolos (x, α, b y †) que parecen clasificar los ejemplos, aunque su uso no es del todo sistemático.

En algunos fragmentos añadió un breve comentario.


Beethoven: Sonata op. 2, nº 3, I, c. 47
“Mir sehr unangenehmen, wie in Op. 53” [Muy desagradable para mí, como en el Op. 53] (¡toma esa, Ludwig!)


Sin embargo estas 5as de Mozart le resultan hermosas [“NB Schöne 5”]


Mozart: Don GiovanniSexteto "Sola sola in buio loco", c. 61



En el siguiente fragmento Brahms se extraña de las 8as en Gabrieli y se pregunta si será un error [fehler?]. Efectivamente se trataba de una errata de la edición que había consultado.




La x suele señalar 5as paralelas que Brahms considera intencionadas, usadas en aras de la expresión del texto.

J. S. Bach: Cantata 91, nº 4, Recitativo, c. 9


La α (o a) parece señalar los casos a los que Brahms da su aprobación

Bizet: Carmen, Acto I, nº 8, Chanson et mélodrame, c. 11


Mientras que la † podría señalar movimientos censurables como el anterior de Beethoven. Aquí no se salva ni ̷D̷i̷o̷s̷ Bach

J. S. Bach: Fuga en sol menor, BWV 535, c. 49



La evaluación de las paralelas es un tema complejo. Brahms no aplica recetas ni fórmulas prestablecidas para juzgar los pasajes sino que los examina caso por caso y parece apoyarse más en el efecto auditivo que en la mera teoría para dar validez o no al uso de las paralelas.

Una indicación añadida a la reconstrucción de un pasaje problemático en Schubert parece confirmar esta idea: "Sin tener en cuenta el hecho de que estas sucesiones puedan ser explicadas o justificadas con facilidad, cabe preguntarse si se debilita el efecto".

Schubert: Schwanengesang, nº  6 "In der Ferne", c. 17